Nicolás Copérnico — en polaco Mikołaj Kopernik, en latín Nicolaus Copernicus - (Toruń, Prusia, Polonia, 19 de febrero de 1473 – Frombork (en alemán Frauenburg), Prusia, Polonia, 24 de mayo de 1543) fue un astrónomo polaco del Renacimiento que formuló la teoría
heliocéntrica del Sistema Solar, concebida en primera instancia por
Aristarco de
Samos. Su libro, De revolutionibus orbium
coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes),
suele estar considerado como el punto inicial o fundador de la astronomía
moderna, además de ser una pieza clave en lo que se llamó la Revolución Científica en la
época del Renacimiento.
Copérnico pasó cerca de veinticinco años trabajando en el desarrollo de su
modelo heliocéntrico del universo. En aquella época resultó difícil que los
científicos lo aceptaran, ya que suponía una auténtica revolución.
Copérnico era un polímata: matemático, astrónomo, jurista, físico, clérigo católico, gobernador, administrador, líder militar, diplomático y economista. Junto con sus extensas
responsabilidades, la astronomía figuraba como poco más que una distracción. Por
su enorme contribución a la astronomía, en 1935 se dio el nombre «Copernicus» a uno de los
mayores cráteres lunares, ubicado en el Mare Insularum.[1]
El modelo heliocéntrico es
considerado una de las teorías más importantes en la historia de la ciencia
occidental.
Los agujeros que caracterizan a la planta le permiten capturar luz solar con mayor regularidad.
Las hojas perforadas de la planta Monstera deliciosa –conocida comúnmente como cerimán- le ayudan a liberar el estrés.
Es la conclusión a la que llegó el científico Christopher Muir, de la Universidad de Indiana, en Bloomington, EE.UU.Los agujeros que caracterizan a la planta le permiten capturar luz solar con mayor regularidad, sugiere la investigación.
El estudio explica cómo estas plantas pueden sobrevivir en bosques sombríos.
Comúnmente cultivada como planta de interior, la Monstera deliciosa se puede encontrar en zonas silvestres desde el sur de México hasta Colombia.
Existen muchas teorías que explican el uso de las hojas perforadas de la planta, poco usuales en el mundo vegetal.
Una de ellas sugiere que los agujeros protegen a las plantas de los huracanes, dejando que el viento pase a través de ellos.
Otra teoría propone que las perforaciones ayudan a regular la temperatura de la planta, a la vez que permiten que el agua circule a través de la planta hasta sus raíces.
Incluso se ha sugerido que los agujeros ayudan a la planta a camuflarse de seres herbívoros.
Pero ninguna de estas ideas ha sido comprobada científicamente.
Ahora, la investigación de Muir, publicada en la revista The American Naturalist, concluye que los agujeros pueden explicarse como una forma de adaptación de las plantas a las selvas, su hábitat natural
